mar y cielo

miércoles, 1 de febrero de 2012

LA VIRGEN MARIA Y EL PERRO SEDIENTO


Qué Bella sencillez la de María,

En las cosas pequeñas de la vida,

Deja impresa su hermosura y alegría.
 

Ocurrió hace mucho tiempo,

Aunque la historia es cordón,

Con cuentas redondeadas,

En las que nos habla Dios.
 

Nuestra señora María,

En un pozo reposaba,

Bajo  una esbelta palmera,

Y su cántaro llenaba.

Las aldeanas entonan,

Dulces sones de la tierra,

Que conmueven la mañana

Y que el corazón alegra.

Mas he aquí un perro flaco,

Más fino que un hueso seco,

Sucio, rufián y pulgoso,

Que carecía de dueño.

Buscando las dulces aguas,

Se arrima al pozo sediento,

Suplicando a las mujeres,

Por beber anda gimiendo.

Perro sucio y andrajoso,

¿Cómo osas acercarte

A la madre del Mesías,

Con aire tan suplicante?


Ya Lo echaban las mujeres,

Cuando la madre del cielo

Viendo a la triste creatura,

Gemir de pobreza pura,

Lágrimas de terciopelo,

Sintió al conmover su alma,

Contemplándolo lloraba,

Y en lágrimas se perlaba.

¿Cómo tu siendo la madre,

Del creador del universo,

Del santo, del unigénito,

Así lloras por un perro?

Mas ella compadecida,

Su cántaro vaciaba,

Sobre la fina sandalia,

Y el animal se saciaba.
 

¿Porqué vacías tu cántaro?

Si el cubo se halla partido,

No podrás cargar más agua,

Para saciar tu apetito.

No es de la tierra Que emanan,

Los torrentes cristalinos,

Sino del cielo celeste,

Pues es un don del altísimo.

El mismo que hace brotar

Ríos de la  estéril roca,

Para beber le dará,

Manantiales a su esposa.

Su manto resplandecía,

Por el sol de la mañana,

Vino una nube del cielo,

Y su cántaro llenaba.

(Relato adaptado de una tradición abisinia sobre Nuestra Señora)

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