LEJOS

Qué alejado siento tu cálido consuelo,
observando la desábrida fatiga,
de mis días y mis noches el desvelo,
anhelando sentir tu mano amiga.

Cuántas veces he envidiado a mis vecinos,
con sonrisa dormida en piel de almendra,
explorando en grácil vuelo los caminos,
me sentí ligera y suave cual alondra.

Soñé que tú y yo juntas de la mano,
paseábamos por senderos de plata,
y se reparaba la malicia, el daño,
unidas en el lazo que nos ata.

Eras para mi ungüento perfumado,
que alejabas el dolor de mi semblante,
tu sonrisa prendida en mi costado,
y en la mirada lluvia de diamantes.

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