Chiquillo de las aceras,
alambre inquieto,
deshaciendo la tarde,
con tus inventos.
Soledad empedrada,
en blanca sala,
horizontes azules,
tras la ventana.
Con mirada de luna,
niño de mar,
perfilando tus sueños,
sobre cristal.
Sobre la fina arena,
quisiera estar,
enredado en las dunas,
mil vueltas dar.
Entre el mar y tu alma,
lamento mudo,
entre el mar y tu alma,
se eleva un muro.
Quien pudiera ser ave,
trazar el cielo,
descender en la playa,
de tus desvelos.
Este poema está dedicado a mi padre; recordando los años en que la orfandad y la precariedad económica lo llevaron a vivir en un internado, lejos de su hogar.
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