Nos miramos un instante,
y un temblor de frio hielo,
ascendía por mi espalda,
sediento de absurdo miedo.
El latir se me acelera,
si intuye que rondas cerca,
el sueño no ha de venir,
si sé que escondido esperas.
Me dicen que no eres malo,
que puedes ser dulce y tierno,
pero yo prefiero huir,
al mirar tus ojos negros.
Y aunque debo de admitir,
que eres criatura de Dios,
no puedo evitar chillar,
cuando estás cerca ratón.
Dedicado a los pequeños invasores de la intimidad y procuradores del desasosiego femenino.
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