Hacia el año 1914, Robert Hugh Benson publicaba su novela maestra titulada "El Señor Del Mundo". Se trataba ,ni más ni menos, de una historia futurista (que aprincipios del siglo XX se quedaba corta al imaginar muchos de los avances actuales) sobre la llegada del apocalipsis y (como no) de un anticristo en forma de político extraordinario. Pero lo que hoy me interesa resaltar de esta obra no es en sí, el argumento general, si no una sabia visión del autor sobre la filosofía de vida del futuro. Benson expone dos grandes formas de pensar en el grueso de las sociedades mundiales y enfrentadas entre sí: por una parte encontraríamos a Occidente (incluyendo a Norte América) con una forma de vida comunista-materialista-atea y de otro lado Oriente con sus religiones antiguas (budismo, hinduismo principalmente). Lo que más me llama la atención es que la parte Occidental (que ha rechazado abiertamente la creencia en un Dios creador) cree algo así como en una fuente de energia comunitaria a la que todo ser viviente acudiría una vez extirado la pata; es decir, una gran olla energética a la todos seríamos conducidos, fusionados y reciclados.
Pues bien, bajo mi opinión esta perspectiva está de plena actualidad. He observado que a las personas occidentales del siglo XXI les cuesta menos trabajo pensar en formas de energía que se fusionan en un todo; lo he podido comprobar en la cafetería, en los medios de comunicación y leyendo a los escritores de moda y sus novelas más difundidas. ¿PORQUÉ? Es algo que aún debo reflexionar bastante.
Me resulta paradójico que a las personas modernas y cosmopólitas les sea más lógico y razonable creer en la pérdida final de cada identidad que en su permanencia en un Universo, hecho como a propósito, para creer en la unicidad de las cosas. De hecho en la naturaleza no existen dos cosas iguales; no sólo en el hombre (del que todos presuponemos y hemos comprobado que es único) si no en todo lo demás y de forma asombrosa. Las flores, los peces, las aves y hasta los escarabajos peloteros y los mosquitos no son iguales si me desplazo de una región a otra; ni que digamos, de un país a otro. Hace tiempo escuche en las noticias que sería posible identificar a cada hombre tan sólo por el lóbulo de su oreja (increible).
¿Por qué un mundo que se obsceca y encabezona en hacer cada cosa con una impronta diferente, después nos reutiliza haciéndonos perder ela propia identidad?
Es curioso que en el libro mencionado se llame a los católicos "individualistas" de forma despectiva.
Pero tan sólo son preguntas e irreflexiones de una mente enrrevesada.
O tal vez no...
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