A lo largo de la vida he gustado de observar muchas cosas relacionadas con las acciones de los hombres. Observar es para mí una magnífica herramienta para comprender. Aunque también he tenido importantes experiencias vitales que nunca creí que viviría como ha sido el caso de la maternidad. Supe qué significaba ser madre hará casi cuatro años durante un caluroso verano cartagenero. Entendí que dar a luz es una experiencia ancestral y muy ligada a la vida misma: dolor, miedo, alegría y unión entrelazándose como un adorno perfecto al regalar la maternidad y paternidad. Inexplicáblemente al poco tiempo, comencé a ponerme nerviosa por cosas absurdas como haber olvidado las toallitas o llevar potito comprados en vez de cocinados por mi misma, en las escasas salidas que realizávamos.
Comprendí que ser madre o padre exige una renuncia absoluta de tí mismo; sobre todo de algo que nos gusta mucho, es limitado y contado: nuestro tiempo.
Reflexionando sobre el asunto, he comprendido que no sólo existen padres y madres de carne y sangre; pues hay personas que ni me han engendrado ni me ha alumbrado; sin embargo han renunciado a su tiempo y a sí mismos por mi bienestar personal y sin costarme una moneda. Existirían entonces otra raza humana, que por renunciar ha renunciado ha tener un título digno a su labor, son los padres y madres del espíritu.
Sabe mi madrina (que nunca alumbrara hijo alguno) el tiempo que pasó dedicada a mi misma, cuidándome y educándome; cada momento pienso en ella y en como haría las tareas que se me ponen de frente. Otro ejemplo, bien podrían ser las escasas y devotas amistades, que sin quebrantar tu libertad te prestan su consuelo y buen consejo, te enseñan lo que no sabes, y te hacen sentir especial como lo haría una madre.
y qué palabras podría dedicarles a las personas que he conocido en mi parroquia presbíteros y laicos, perdiendo su tiempo y dedicación en ayudarme sin que a veces quede siquiera un agradecimiento.
Lo que me conduce a pensar que amar es renunciar y que cuando uno sirve a otro sin enorgullecerse, lo ama muy adentro donde podría tener un hijo en el espíritu.
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