En las profundidades del arroyo se resquebraja la fría piedra. Late en ella el dolor mas no la desesperación; la melancolía pero nunca el desamor. Es mi alma que sufre por la pena de saberse culpable en bastantes litigios que han quedado sin resolver por las cosas de la vida. A mi alma le pesa el daño cometido por debilidad, inmadurez y ¿Porqué no decirlo? También por cobardía. Es cierto, porque en ocasiones personas nobles han debido sufrir las consecuencias de mis actos ruines. Ahora se que la vida pasa facturas por cada instante de aliento que malgastaste y me pesa.
Pero debo decir que prefiero que me duelan mis actos aunque en muchos casos sea tarde, que seguir inadvirtiendo mis miserias. Es mejor sufrir por un daño no reparado que vivir en la ignorancia del error; pues he notado que es un dolor que purifica, que desea el bien, humilla y enseña a amar aunque sea un poco. Cuando uno sufre sabe que está vivo, que está despierto, sus sentidos son más conscientes de lo que siente el otro. Quizás habría que hacer una precisión a Descartés para poder afirmar sin ningún tipo de dudas “Sufro, luego éxito”.
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