Sentir adentro un manatial inquieto,
formando azules hondas transparentes,
arrastrando furiosas corrientes,
y en su fondo, escondido secreto.
Nube gris en el cielo enredada,
juguetea con rayos de luna,
que en la bóveda roja importuna,
por ser musa y del viento admirada.
El crepúsculo abriga siluetas,
cuyos nombres mi alma ha llamado,
y mi lengua silencia discreta.
Pues torrentes de llanto callado,
de alegría, dolor y de pena,
por un loco vaivén apagado.