Cuando descubrí tu engaño,
un puñal en las entrañas,
rasgaba mis ilusiones,
pude ver la cruel patraña,
hiel destino en mis temores.
No sabes nada de mí,
una burbuja de hielo,
se interpone, negro velo,
gris penumbra, opacidad,
ya nada de mi verás.
Pues mi alma se congela,
empedrando el horizonte,
al sentir la aguda pena,
y mirarme en tus pupilas,
viendo como ya rebosa
cual en un reloj de arena,
es mi tiempo y llega al borde.
El abismo de mi estampa,
hay que desearlo alcanzar,
no desistir, esperar,
arrullar en los desvelos,
caer en la ciega trampa,
no desear regresar.
Se secó mi corazón,
harto de no ser regado,
aunque quizás sea anegada,
la lumbre que en él prendió.
No debes pensar amor,
que son duras mis palabras,
pues es pesada la carga,
del brillo que no lució.
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