Oculto tras espesa rosaleda,
tejías mi alma,
con invisible tacto me fraguabas,
en turbia calma.
Bajo infinita bóveda celeste,
yo te buscaba,
y lágrimas de lirio por mis ojos,
se derramaban.
Quisiera mecer tu amor dormido,
en blanca cuna,
sentir coraje, fuerza, valentía,
besar la luna.
Poder dominar el tiempo raudo,
hablar despacio,
abrazada a las corrientes de la vida,
llenar mi espacio.
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