En las ardientes costas africanas,
junto a doradas dunas y salinas,
bajo la fresca sombra del naranjo,
disfrutaban de sus frutas ambarinas.
Prendida de una austera portezuela,
de estraperlo un crespón anuncia,
la triste despedida, amarga pena,
la negra dama usando sus argucias.
Su fortaleza dejó en piernas de alambre,
la luz prendida en miradas esmeraldas,
su carcajada en sonrisas entrañables,
el corazón en la familia amada.
La sal fue vuestro alimento cada día,
blanco rumor de húmedas fatigas,
arrullados en su manta cristalina,
con el calor salino en las barrigas.
A pesar de muchas adversidades,
cinco hermanos se mantienen siempre unidos,
compartiendo debilidad y llanto,
no se darán fácilmente por vencidos.
Tal vez sospechen cúanto vela su padre,
jamás aparta de sus hijos la mirada,
cinco hermanos con pie firme y notable,
amparados bajo una voz callada.