Quisiera sentir tu llama,
elevarme como pluma,
presa de tu hermosa trama,
desvanecer negras brumas.
Pero es más fuerte la debilidad,
el miedo inmenso a desaparecer,
la vanidad, pereza, hostilidad,
el terror de nunca volver a ser.
No te amé lo suficiente,
aunque deseando amarte,
el miedo pudo envolverme,
y el gris temor abrazarme.
Siendo tan pequeña y débil,
¿Qué podría yo alcanzar?
¿Qué sublime obra lograr
de esta alma tosca, estéril?
No debes fijarte en tí,
susurra dulce el esposo,
que debes mirarme a mí,
que guardo fiel tu reposo.
Cuando de la noche el manto,
con opacidad me envuelve,
la angustia anhela mecerme,
esparciendo su quebranto.
Mi emblema será la calma,
para superar las penas,
tú, amor has de ser mi lema
y la esperanza mi lanza.
Espada de doble filo,
asísteme en la batalla,
préndeme rauda a tu llama,
condúceme entre tus hilos.
No juzgué a la hermana negra,
por cumplir su cometido,
busco paz bajo su abrigo,
y entre los frutos que siembra.
Por ser pequeña eres bella,
te llevo en mi corazón,
como una profunda huella,
mi más preciosa razón.
Cómo podría creerte,
mirando mis pies desnudos,
ni siquiera puedo verte,
ni escalar el alto muro.
Aunque no soy muy sincera,
conoces mi corazón,
con melancólica espera,
eres quien lo modeló.
Por ser frágil yo te anhelo,
guardo tus trémulos pasos,
acaricio tus desvelos
y te acuno entre mis brazos.
No podría abandonarte,
marcharme lejos de tí,
ser infiel, rudo, ultrajarte,
dejar de quererte así.